La ventana de oportunidad para un automóvil híbrido Stirling

Ya he hablado de las posibilidades del motor Stirling en los automóviles, pero me gustaría profundizar sobre el tema.

El sucesivo incremento de los precios de los combustibles, unido a la mayor concienciación respecto a la amenaza medioambiental que suponen las emisiones de dióxido de carbono y su contribución al efecto invernadero, ha propiciado el desarrollo de tecnologías destinadas a mejorar los consumos y la eficiencia de los motores de los automóviles. Además se han comenzado a explorar alternativas más allá de los motores de combustión interna exclusivamente.

Fruto de estas alternativas son los vehículos híbridos y el comienzo de la reaparición de los vehículos eléctricos, aunque de momento a precios fuera del alcance del mercado de masas.

Aunque como futurólogo dejo bastante que desear, en mi opinión el futuro del automóvil está en los vehículos eléctricos. Las ventajas son evidentes, mayor eficiencia de los motores eléctricos, recuperación energía en frenadas, menor mantenimiento, menores vibraciones y ruido, …

El único obstáculo que afronta el vehículo eléctrico está en el nivel tecnológico de las baterías para almacenar la energía eléctrica. En los primeros tiempos del automóvil, convivieron los vehículos eléctricos y los de combustión interna, prevaleciendo estos últimos gracias a su mayor flexibilidad y autonomía. Las baterías eléctricas eran enormemente pesadas, no permitían más que cortos viajes y era necesario una conexión eléctrica para cargarlas de nuevo, proceso que requería demasiado tiempo. Por fortuna, al rebufo del desarrollo de la era de la información y de sus “gadgets”, portátiles, móviles, Gps, …, han aparecido nuevas tecnologías como las baterías de litio, que mejoran la relación energía almacenada/peso. En el horizonte se vislumbran otras tecnologías que prometen aún mayor eficiencia.

En los últimos años hemos visto la aparición de los vehículos híbridos, que conjugan un motor de combustión interna con un motor eléctrico para propulsar el vehículo. Esta asociación redunda en la mejora del rendimiento energético del vehículo a pesar del incremento de peso por los sistemas adicionales y las baterías. El motor de combustión es la principal planta motriz, siendo apoyada por el motor eléctrico cuando este se haya a bajas revoluciones, donde su eficiencia baja, o es necesario un incremento de potencia rápido, aprovechando el par del motor eléctrico. Las dos grandes ventajas de estos híbridos están en que es posible recuperar parte de la energía de frenado, que de otra manera se disiparía en forma de calor en los frenos y que en caso de una parada, como en un semáforo, es posible detener el motor de combustión interna ahorrando combustible.

En mi opinión los vehículos híbridos son una tecnología de transición hacia un futuro dominado por los vehículos eléctricos. Sin embargo, creo que van a tener sus nichos en el futuro, no desapareciendo por completo. Veamos su evolución actual y la que yo preveo:

Los primeros híbridos son básicamente vehículos convencionales de combustión interna, donde la parte eléctrica sirve de apoyo al motor térmico, recuperando parte de la energía de frenado y muy poca capacidad de las baterías.

Ahora están comenzando a aparecer los híbridos enchufables, donde se han mejorado las baterías y permiten autonomías de unos 50 Km., únicamente con la energía de las baterías que se pueden cargar a partir de la red eléctrica convencional. Este tipo de uso ya se había conseguido por la modificación por parte de los propietarios de los híbridos de serie de forma privada.

La siguiente evolución es la de los híbridos denominados serie. En estos el motor térmico no va unido mecánicamente a las ruedas, sino que lo hace a un generador eléctrico que se ocupa de cargar las baterías. La propulsión del vehículo es totalmente eléctrica, bien con un motor central o con motores eléctricos en cada rueda. Este modo es más eficiente, ya que la potencia, rendimiento y par de los motores eléctricos es más estable a lo largo de todo el rango de potencias y par necesarios para mover el vehículo. Por otra parte el motor térmico puede funcionar en sus condiciones óptimas de operación, sin tener que hacerlo a bajas revoluciones con bajo rendimiento ni tener que mantenerse al ralentí en las paradas. Por supuesto este vehículo es enchufable, con una autonomía en función de las baterías instaladas, las cuales serían suficientes para la inmensa mayoría de los trayectos diarios, solamente utilizando el motor térmico en los desplazamientos largos.

La última evolución es el motor de pila de combustible. Este es básicamente un híbrido serie donde se sustituye el motor térmico por una pila de combustible (fuel cell en inglés). La pila de combustible lo que hace es combinar oxígeno obtenido del ambiente e hidrógeno, para producir electricidad y como resultado agua pura. Para entendernos, es el proceso inverso a la hidrólisis. Este proceso no produce CO2, por lo que se podría considerar limpio, pero el hidrogeno no existe libre en la naturaleza, por lo que hay que obtenerlo mediante hidrólisis del agua (proceso muy poco eficiente) o por reformado de un combustible hidrogenado, como gas natural, metanol, etanol,… Existen algunos tipos de pilas de combustible que pueden ser alimentados directamente con este tipo de combustibles realizando el reformado “in situ”. Los problemas que afronta este tipo de vehículo es que aún no está solucionado el modo de almacenar el hidrógeno de forma económica y el coste de la propia pila de combustible aún es muy elevado.

El motor Stirling no ha tenido cabida en los automóviles dadas sus características. A pesar de ser más eficiente, tiene poca flexibilidad para aumentar o disminuir la potencia producida, lo cual es indispensable en un coche convencional. Además requiere cierto tiempo de “calentamiento” hasta alcanzar las temperaturas de operación. Finalmente, las necesidades de refrigeración son mayores que en un motor de combustión interna donde se expulsan los gases calientes al ambiente, y por tanto requiere radiadores de mayor tamaño para la misma potencia nominal que los convencionales.

Sin embargo, lo que es una desventaja se convierte en una ventaja cuando hablamos de su uso en híbridos serie. El motor no propulsa en vehículo, sino que acciona un generador eléctrico, por lo cual se pueden diseñar ambos para que funcionen en condiciones óptimas (una vez pasado el proceso de arranque y calentamiento). La potencia necesaria en este caso es diferente a la de un coche convencional. En estos, el motor debe tener una reserva de potencia disponible para poder acelerar, por lo que toda esa potencia de “caballería” que nos venden al anunciar los vehículos está descansando más del 90% del tiempo. En los híbridos serie esa potencia extra tiene que estar en el motor eléctrico, no en el térmico. Este solo debe proporcionar la energía para recargar las baterías para los picos de consumo en los momentos en que sobra energía (cuestas abajo, velocidad de crucero en llano, frenadas, etc. …). Es por ello que para tener un uso comparable, es suficiente un motor con una potencia del 20-30% de la que nos venden. (Ojo, hablo de potencia, no de rendimiento global. No es que hagamos los mismos kilómetros con el 20-30% de combustible). Dicho de otra manera, el motor debe estar funcionando siempre en la media de la energía necesaria, y no necesita tener potencia adicional para los picos. Como consecuencia de lo anterior, necesitamos un motor más pequeño, más ligero y con menores necesidades de refrigeración, lo cual facilita su integración en el volumen del vehículo. Además estará funcionando en condiciones de máximo rendimiento, mejorando los consumos globales.

Estas son las condiciones ideales para un motor Stirling. Para el propietario, tendría ventajas adicionales como menores vibraciones y ruidos, junto con un menor mantenimiento por desgaste derivado. El mayor rendimiento repercutiría en menores consumos para el mismo uso y por tanto de menores costes operativos del vehículo. Es en este momento donde se abre una ventana de oportunidad para los motores Stirling si quieren tomar cumplida venganza de los motores diesel y gasolina.

Finalmente voy a ejercer de futurólogo aficionado de nuevo. Como dije antes los híbridos son una tecnología de transición hacia los coches eléctricos, pero en mi opinión no van a ser totalmente sustituidos. El vehículo eléctrico es idóneo para ámbitos urbanos donde los desplazamientos son cortos y hay grandes facilidades para realizar la recarga de las baterías. Incluso tiene utilidad en viajes largos si se desarrollan sistemas de recarga rápida de las baterías, para realizar el proceso en tiempos semejantes a los que se emplean ahora en las estaciones de servicio. Sin embargo, yo no veo razonable por ejemplo un todoterreno exclusivamente eléctrico, salvo que lo uses para llevar a los niños al colegio exclusivamente. En zonas rurales donde los puntos de abastecimiento son más dispersos, el tener un sistema alternativo a las baterías puede ser indispensable. Se me ocurren otros usos menos glamurosos, como tractores todo tipo de maquinaria móvil, donde tendrían cierta oportunidad los motores Stirling como apoyo. Los camiones de transporte pueden ser otra oportunidad, ya que la cantidad de baterías que necesitarían sería excesiva.

En cuanto a la pila de combustible, me parece una excelente solución pero hay demasiada incertidumbre para poder hacer una predicción. Hay varios problemas que aun tiene que resolver, para poder ser una alternativa realista. Son indudables sus ventajas adicionales de funcionamiento y operación. Veamos lo que el futuro nos depara.

Una respuesta a La ventana de oportunidad para un automóvil híbrido Stirling

  1. Jay dice:

    Concuerdo contigo en que los automóviles híbridos solo serán una transición hacia los puramente eléctricos. Hay que considerar que si se afianza la tendencia hacia sistemas de microgeneración y generación distribuida fuera de la red (off-grid) esto podría facilitar aún más el tránsito hacia automotores eléctricos.

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